La palabra STRESS fue empleada por H. Selye (Montreal 1936) para indicar el estado de reacción de un organismo a un estimulante cualquiera.
El estimulante que H. Selye denomina el “stressor”, puede ser un organismo vivo (microbio, depredador), un factor físico (frío, calor, irradiación), una sustancia química (veneno), una lesión orgánica (hemorragia), un problema del sistema nervioso o del equilibrio psicológico (sobrecarga laboral, emoción desagradable o agradable).
La respuesta al estrés o “síndrome general de adaptación” corresponde al conjunto de reacciones no específicas del organismo en respuesta a cualquier agresión.
Ella tiene lugar en 3 fases sucesivas, bajo el control de mecanismos nerviosos, hormonales e inmunitarios:
1. la reacción de alarma, en el curso de la cual el organismo, sorprendido por la agresión, activa sus primeras reacciones de defensa, especialmente por medio de una descarga de adrenalina incrementada.
2. El estado de resistencia, más duradero, durante el cual el organismo aumenta sus capacidades de defensa con el fin de evadirse de la agresión.Esta fase está bajo la dependencia de hormonas que movilizan las sustancias energéticas (corticoides, adrenalina, glucagón).
3. un estado de agotamiento asociado a la cronicidad del estrés, culminando en un desajuste de los mecanismos de defensa y susceptible de dar lugar a la aparición de patologías (enfermedades autoinmunes, enfermedades degenerativas, depresión, etc.)
Desde hace diez años, el Centro de Investigación Tecnolab, en colaboración con otras instituciones científicas en Francia y en el extranjero, estudia las repercusiones biológicas de una exposición prolongada a las radiaciones no ionizantes, atérmicas y de poca intensidad.Tales radiaciones las emiten especialmente los aparatos electrónicos de uso doméstico y profesional (consolas de juego, ordenadores, televisores, teléfonos móviles, etc.) que acompañan nuestra vida cotidiana.
Estudios realizados en animales y humanos han permitido demostrar la existencia de perturbaciones celulares, modificaciones fisiológicas y síntomas característicos del estado de estrés.
Por consiguiente, el uso cotidiano y corriente de los aparatos emisores de radiaciones, así como su resultante sobrecarga electromagnética del ambiente, sitúan al organismo en un contexto de estrés electromagnético crónico, susceptible de favorecer el establecimiento de cualquier patología.Así, ciertas frecuencias emitidas por dichos aparatos son cercanas a las de las funciones fisiológicas.
La lista siempre creciente de los efectos biológicos nocivos o potencialmente nocivos y activados por la irradiación, es prueba de la existencia real de emergencia de patologías inducidas por el estrés electromagnético crónico:
- modificación de la secreción de melatonina, que desempeña una función crucial en el sueño y en los procesos de defensa inmunológica (Wilson y col., 1989; Reiter, 1993; Santini 2003);
- inducción de la síntesis de proteínas de estrés o heat shock proteins (Daniells y col., 1998; Goodman y Blank, 1998; Weisbrot y col. 2003)
- modificaciones del electroencefalograma (Mann y col., 1999; Huhert y col., 2000);
- problemas neurológicos (Hocking y Westerman, 2000; Johensen, 2000)
- descenso de la presión arterial (Braune y col. 1998);
- aumento de la permeabilidad de la barrera hematomeníngea que normalmente protege al cerebro contra las sustancias tóxicas que transporta la sangre periférica (Persson y col., 1997; Schirmacher y col., 2000);
- inicio de cefaleas, astenia (Hocking, 1998; Oftedal y col., 2000);
- problemas de memoria (Koivisto et al., 2000; Krause y col., 2000; McKay y Persinger, 2000);
- problemas de fertilidad (Mgras y col., 1997; Cecconi y col., 2000);
- implicación en procesos cancerosos (Repacholi y col., 1997; Hardell et al., 1995; 2000; Bianchi y col., 2000; Savitz y col., 2000);
- descenso de las defensas inmunitarias (Youbicier y col. 1997; Del Signore y col., 2000; Marino y col., 2000; Youbicier 2000-2001; Bastide y col. 2001).
Por consiguiente, la proliferación exponencial de los equipos electrónicos emisores de radiaciones podría constituir un riesgo real para la Salud pública que resulta urgente anticipar, especialmente mediante el establecimiento de medidas de prevención y mediante la búsqueda de herramientas de protección. En esta perspectiva, el Centro de Investigación en Biofísica electromagnética Tecnolab ha puesto a punto y ha validado una tecnología de bioprotección electromagnética, por oscilación magnética de compensación, CMO-Tecno AO (Autonomous oscillator).